sábado, 23 de febrero de 2008

Reaparece Crítica, "el" diario de la primera mitad del siglo XX


Faltan ocho días para que vea la luz de los expendedores de diarios y revistas porteños la nueva Crítica, el diario creado por el empresario uruguayo Natalio Botana que reinó al estilo de los magnates de la prensa estadounidense. Crítica llegó a colocar a su cotidiano rozando el millón de ejemplares de tirada diaria, entre todas sus ediciones.
Crítica fue pionero entre comienzos de la década del 20 y comienzos de la de los 40. Botana murió en 1941 en un accidente automovilístico.
Quien lleva el peso de este proyecto de renacimiento es Jorge Lanata, periodista renombrado y uno de los creadores del último suceso de escala nacional en la prensa escrita, el matutino Página 12, de izquierdas intelectuales, hoy adquirido por el multimedios Clarín y condenado por los pactos Clarín-matrimonio K a ser una suerte de mayordomo distinguido del poder y sus secuaces.
Con Lanata de por medio, Crítica puede desplegar todo un abanico de cuestiones, ninguna de ellas aburrida. Como inicio, los instrumentos operativos de los espías oficiales ya hurgan en los archivos y basureros para producir piezas comunicacionales que ataquen preventivamente bienes, honras y prestigios de los convocados por Jorge.
Pero eso -diría Rudyard Kipling- es otra historia. Y será bueno contarla.
Por ahora, y hasta el 2 de marzo, podremos leer lo que ya produce la redacción de Crítica de la Argentina
Por ahora, de lo mejorcito de la semana que pasó:
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Cómo controla Kirchner a los ministros de Cristina - Por Nicolás Wiñanski
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El HOME de Crítica es:
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jueves, 21 de febrero de 2008

Otro relato de Eduardo Belgrano Rawson: Sólo te salva el amor


Tengo un amigo que se ha internado de nuevo en un spa de la sierra. Por una vez en la vida, parece determinado a completar el tratamiento. Es su cuarta recaída. Está deprimido, comentan. Ha pasado la noche en los brazos de su mujer, que cada tanto va a visitado.
Tiene unas ojeras redondas. No es que se considere en peligro ni nada. Quizá sea de los pocos a los que aún no les zumban las balas. Hasta el momento, ni siquiera sale en los diarios. Pero ha terminado por asumir que sufre una adicción severa. "No puede parar, te digo", solloza su mujer por teléfono. Por eso está en el spa de la sierra, el único que ofrece un plan serio para dejar de robar.
Era un desenlace cantado. Somos amigos desde que tenía cuatro años, cuando se tragó el sueldo del padre junto con una abeja y un fósforo. Le echaron la culpa a los ladrones, pero pronto surgió la verdad. Por entonces, en aquellos parajes, nadie echaba llave a la puerta. Digo más: su casa ni siquiera tenía puerta. Había dos gays en el pueblo, alguien se drogaba con algo y a cierta chica le habían practicado un aborto. Era toda la maldad en stock. De sólo oír esas cosas, los niños palidecíamos. Ahora es una estrella en ascenso. El hombre se llama Danilo. El apellido no viene a cuento.Sólo sus mejores amigos percibimos el drama latente: nombrado subsecretario ha sido como meter a tu abuela famélica en un tenedor libre.
En el spa les dan suplementos y los hacen trotar temprano para que sacudan sus endorfinas. Luego del sauna reciben masajes con ungüentos purificantes.
El solario se inunda de fragancias cumbreñas, a peperina, poleo y carqueja tierna. La idea es que los yuyos serranos vayan morigerando sus ansias por los autos deportivos y las cuentas en las islas Caimán. En las reuniones de grupo, Danilo ha dicho que, si por él fuera, se quedaría allí toda la vida, mirando las cabras de las laderas y los tractores del atardecer. Un poco de pan, una copa de vino, unas cuantas aceitunas. Según su personal trainer, era todo lo que precisaban los griegos de la época de Platón.
Su compañero de cuarto piensa lo mismo. Es un ex director de la Junta Panamericana contra el Lavado. Fue Joven del Año de la Cámara Junior. Ahora salió su procesamiento. De nada valieron sus contactos con el gobierno (era el encargado de pasar por el Congreso con el maletín de lagarto que luego se hizo tan célebre),pues los norteamericanos han resuelto entregarlo.
La carrera del ex director ha sido meteórica. Empezó como testaferro. Eso casi le costó la cabeza. Tuvo la mala suerte de pelearse con la bruja.Ella lo demandó por la mitad de los bienes, que por supuesto eran de otro. Fue inútil explicar a la chica que se trataba de plata ajena.Estas esposas no atienden razones. Le llevó casi dos años pagar el despecho de su mujer.Danilo ha temblado al oír las revelaciones de su compañero de cuarto. Al menos tiene la felicidad de contar con una esposa de hierro que lucha codo a codo con él..
Por las noches los miembros del grupo juegan al Fraude!, una variante del Monopoly. Gana el que primero revienta un banco. En caso de empate, decide la diferencia de damnificados.
Esto es parte del tratamiento. El propio director médico, un fanático de la metadona, recorre los dormitorios distribuyendo tableros.
Hay tres clases de pacientes en el spa de la sierra: los fumadores, los gordos y ellos.
Pero la cabeza funciona de un solo modo, así que después de la siesta todos se juntan con el psicólogo. El objetivo es rastrear en la infancia.
Ahí deben buscarse las causas de cualquier desbarajuste. Los pacientes reflotan sus traumas de la manera que pueden, hasta que cae la tarde y el sol se pone en la sierra.
Y Danilo, para colmo, no presenta cicatrices. Ha tenido una infancia perfecta. Con su mujer todavia sigue de novio.Creo que estan en pareja desde que iban a la Salita Naranja. De manera que trauma, lo que se dice trauma, no puede recordar ninguno. El psicólogo apura sin éxito. Luego indaga con sutileza si hubo otros adictos en la familia.
Danilo no quiere decepcionarlo, de modo que pone gran voluntad en rastrillar en el barro.
Le cuesta cierto trabajo, pues estamos hablando de familias super sanas. De todos modos lo intenta. No sabe si mencionar a su tio Mitico, que le daba bastante al trago. 0 a su primo Yeyo, un pajero empedemido. Se excitaba hasta cuando leia El Correo de la Unesco. Sus viejos estaban desesperados. El caso conmocionó a los parientes. Una tía radicada en Brasil mandó una bolsita con hojas de adormideira,, muy popular en San Pablo para que as crianzas nao se masturben de mais. (Danilo todavia recuerda que su tia las picaba finito para esparcirlas sobre la ropa de Yeyo. Las hojas sobrantes eran hervidas en agua. Una vez lavados los calzoncillos, debian tenderse sin estrujar hasta la salida del sol.)
El psicólogo escucha la historia con marcado escepticismo. Para él, si este caso tiene una punta, fue la tragada del sueldo. Todos nos hemos tragado cosas, desde vinchucas hasta termómetros.Pero nadie debe haberse tragado el sueldo completo del padre, con horas extras y todo.
La nutricionista piensa distinto. Tiene un estudio en marcha. Asegura que el problema de Danilo se presenta por un déficit de ácidos grasos que desajusta las prostaglandinas. Por eso incluye en la dieta algunos filetes de surubí regados con ácido oleico. El kinesiólogo, por su parte, carece de toda teoría y se limita a cumplir su trabajo. Embadurna a Danilo con fango y sale a fumar un cigarro. En el pasillo lo espera Celeste, del grupo de fumadores. Están sosteniendo un romance. Ella provee de puchos y ella lo deja entrar en su cuarto. De afuera se oyen los gritos.
EI psicólogo reserva una sesión exclusiva para el grupo de Danilo. Entonces todos se abocan a contar su primera vez. La primera vez de Danilo fue en un baño del ministerio. Tiene recuerdos confusos. Apenas duró un segundo. De pronto surgió una sombra en el espejo empañado. Alguien estaba a su espalda. Algo pasó a sus manos. Cuando miró de nuevo el espejo éste sólo reflejaba su imagen. Danilo ni siquiera volvio a su despacho. Del baño fue directo a su casa. Recuerda que baj61entamente las escaleras del Ministerio. En la mano derecha llevaba un sobre abultado. Papel manila tamano oficio: para colmo, esa manana habia ido sin portafolio. Abajo lo esperaba su auto. EI chofer Ie abri61a puerta. Esta escena en camara lenta es la que aflora en sus pesadillas.
Desde entonces tiene ataques de pánico, cada vez que ve una escalera o un espejo empañado.
El lunes darán de alta a Danilo. El director los despedirá. como siempre, con emotivas palabras. A cada promoción le dice lo mismo: que sucumbimos a la corrupción por pereza. pues oponerse implica inmensas dificultades. Ahora sus egresados se marcharán con nuevas armas para la lucha: la dieta de los suspiros, el suplemento de vitaminas, las sales de Hungría para el masaje y la mezcla de plancton marino con jarilla y diente de burro para el baño de inmersión. Todas cosas muy efectivas contra el síndrome de abstinencia. Vida sana y someterse a controles. Una actitud positiva: esa sera la consigna. La adversidad fortalece. Por si algo les fallara, se llevan en el bolsillo una sencilla oración. Es una plegaria personalizada, escrita por el psicólogo para los casos de apuro.
Tal vez le dé resultado. Con su mujer, cuando aun andaban de novios, rezaban frenéticamente para no ir a parar a la cama. Sólo así consiguieron llegar vírgenes al matrimonio. Danilo es capaz de todo por su mujer y sus niños. Eso teminará por salvarlo. El secreto está en el amor.


*** Los personajes de este relato pertenecen a la ficción.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Entrevista a Joaquín Sabina y sus dos destinos.

"Once periódicos. Once países. Una sola fuente." Así se promueve GDA, consorcio exclusivo integrado por los once periódicos independientes con más influencia en Latinoamérica: La Nación (Argentina), O Globo (Brasil), El Mercurio (Chile), El Tiempo (Colombia), La Nación (Costa Rica), El Comercio (Ecuador), El Universal (México), El Comercio (Perú), El Nuevo Día (Puerto Rico), El País (Uruguay) y El Nacional (Venezuela).
ADN, el semanario de La Nación de Buenos Aires, incluyó el sábado la entrevista a Joaquín Sabina que Jorge Eslava de El Comercio de Lima, Perú, realizó al cantautor.
La pregunta casi "de manual" que sigue es la que nos hacemos: ¿Es que queda algo más del artista andaluz que no se conozca y valga el esfuerzo?
Parece que sí, y de eso se encarga el entrevistador, poeta y periodista.
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Entrevista Joaquín Sabina
El cantautor español habla de sus preferencias como lector y de su trabajo como escritor; evoca su amistad con Rafael Alberti y confiesa que llora cuando recita los versos de César Vallejo, uno de los poetas que más admira
LANACION.com ADN Cultura Sábado 16 de febrero de 2008


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martes, 19 de febrero de 2008

Permitanme dos palabras: traen con ellas chispas, risas, burbujas y cascabeles


Las palabras son un remedio infalible para contrarrestar los efectos del tedio. Siempre están dispuestas a hacernos creer más listos, más sabios o más justos de lo que somos con el solo recurso de hacerlas brotar de la pluma o el teclado, de abrir un libro, obra maestra o diccionario, crucigrama, o inicio de una partida de scrabel.
La Página del Idioma Español es pionera en la promoción de nuestra lengua en la Internet y en la búsqueda de nuevos espacios para nuestra lengua en la red global.
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Sostenida por la organización no gubernamental Asociación Cultural Antonio de Nebrija, mantiene el Foro Cervantes de discusiones sobre el idioma español y el boletín de semántica y etimología La palabra del día.Es gratuito y se obtiene en
http://www.elcastellano.org/palabra.html
Quien se registre podrá recibir las novedades de la organización, ingresar al grupo de discusión, leer artículos de los colaboradores de la entidad y disponer una guía biblográfica de las publicaciones de El Castellano y organizaciones afines.Para comunicarse con miembros de la entidad:
www.elcastellano.org/formulario.html
En cada envío del boletín se incluye una palabra en español con su significado, ejemplos de su uso y una detallada etimología.
Aquí, un ejemplo de nuestra sección Divinas Palabras, tal vez la más apreciadas por sus editores, y acaso por eso de las más sacrificadas en su periodicidad. Tratamos de enmendarnos.
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N. del E.: Hoy, el capricho y el azar nos pone frente a dos vocablos que suenan por sí y sus siglos de historia se oyen como cascabeles: pasquín y payaso.

pasquín
El gladiador romano Pasquino era uno de los ídolos del pueblo que presenciaba las lides del Coliseo. Muchos de sus rivales cayeron para siempre bajo las estocadas de su puñal certero y la furia de sus armas invencibles, pero se trataba de una gloria efímera que no debería resistir el paso de unos pocos años después de su muerte, de modo que el gladiador seguramente jamás llegó a soñar que su nombre perduraría a través de milenios y civilizaciones.
Ocurrió, sin embargo, que a la muerte de Pasquino, el gobierno imperial erigió una estatua en su homenaje, estatua que ciertamente habría quedado olvidada en poco tiempo de no haber mediado una circunstancia inesperada. En efecto, por alguna razón que no llegó hasta nosotros, por aquella época se hizo costumbre en fijar libelos o escritos satíricos en el pedestal de la estatua de Pasquino. Con el paso de los años, el nombre de nuestro implacable gladiador se convirtió, en italiano, en sinónimo de las sátiras al poder establecido y los escritos de contestatarios. Con el desarrollo de la prensa en la época contemporánea, la palabra italiana pasquino, que llegó al español como pasquín, pasó a designar a los diarios sensacionalistas y, generalmente, calumniosos.
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payaso
Uno de los personajes tradicionales de la comedia italiana era una especie de bufón, que vestía ropas estrafalarias confeccionadas con la tela burda que se usaba para recubrir los colchones de paja. Por esa razón, se le llamó pagliaccio, palabra formada a partir del italiano paglia (paja), derivado del latín paleae, palearum. En francés, en la segunda mitad del siglo XVIII se llamaba a este personaje paillasse, una antigua palabra que cinco siglos antes había significado ‘bolsa de
paja’.
En castellano, la palabra payaso aparece registrada en 1884 en un poema de
Manuel Breton de los Herreros:

Otro con importunas contorsiones
Cual payaso en grotesca pantomima
Piensa mover del pueblo las pasiones.


Pero ya figuraba en el Diccionario de la Academia desde la edición de 1817, como ‘el que en los volatines y fiestas semejantes hace el papel de gracioso, con ademanes, trages y gestos ridículos’ (Ortografía no actualizada).

lunes, 18 de febrero de 2008

Teodoro Obiang Nguema Mbasogo , la segunda "patinada" de la diplomacia CFK

El debut de la diplomacia "K" en la Argentina no pudo ser más catastrófico. Primero, el flamante expresidente y su Armata Brancaleone en la selva colombiana para liberar a nadie, y ahora la visita del dictador africano, uno de los últimos opresores a punto a cumplir tres décadas pisoteando derechos individuales.
Grondona, autor de esta columna que publica el Diario La Nación de Buenos Aires, es hombre de Derecho y de derechas.
Catedrático en leyes, apoyó en el pasado a dos de las cinco dictaduras militares que azotaron a las instituciones de una república democrática en formación y por lo tanto a bienes y libertades de los ciudadanos. Desde el regreso del estado de derecho en la Argentina, en 1983, Grondona dice haber abjurado de sus ideas autoritarias y al parecer ha cumplido.
Su enfoque sobre esta chapuza en materia de relaciones internacionales tiene el valor agregado de provenir de un connaisseur del otro lado de los intereses populares.
Es decir, "del derecho o del revés", nos pone nariz con nariz con una barrabasada en términos diplomáticos de la administración Kirchner II pocas veces vista en el mundo.
Vale la pena conocerla.
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LANACION.com Opinión Domingo 17 de febrero de 2008



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domingo, 17 de febrero de 2008

"Papá Noel duerme en casa", cuento inédito de Samanta Schweblin


La cuentista argentina Samanta Schweblin nació en Buenos Aires en 1978.
En el año 2001 recibió el Premio del Fondo Nacional de las Artes por su libro de cuentos “El núcleo del disturbio” (Destino), que fue recibido con un amplio reconocimiento por la crítica.
El semanario Perfil, uno de los escasos grandes medios escritos independientes, publica hoy en su suplemento de cultura.
Días atrás la autora recibió también el Premio Casa de las Américas, en Cuba, por su nuevo libro de relatos, “La furia de las pestes”, que publicará Planeta a mitad de año.
Este es uno de los cuentos que integran el volumen.

La navidad en que Papá Noel pasó la noche en casa fue la última vez que estuvimos todos juntos, después de esa noche papá y mamá terminaron de pelearse, aunque no creo que Papá Noel haya tenido nada que ver con eso. Papá había vendido su auto unos meses atrás porque había perdido el trabajo, y aunque mamá no estuvo de acuerdo, él dijo que un buen árbol de navidad era importante esa vez, y compró uno de todas formas. Venía en una caja de cartón, larga y plana, y traía una hoja que explicaba cómo encajar las tres partes y abrir las ramas de forma que se viera natural. Armado era más alto que papá, era inmenso, y yo creo que por eso ese año Papá Noel durmió en nuestra casa. Yo había pedido de regalo un coche a control remoto. Cualquiera me venía bien, no quería uno en particular, pero todos los chicos tenían uno en esa época y cuando jugábamos en el patio los autos a control remoto se dedicaban a estrellarse contra los autos comunes, como el mío. Así que había escrito mi carta y papá me había llevado hasta el correo para enviarla. Y le dijo al tipo de la ventanilla:
—Se la enviamos a Papá Noel –y le pasó el sobre.
Y el tipo de la ventanilla ni saludó, porque había mucha gente y se ve que ya estaba cansado de tanto trabajo, la época navideña debe ser la peor para ellos. Tomó la carta, la miró y dijo:
—Falta el código postal.
—Pero es para Papá Noel –dijo papá, y le sonrió, y le guiñó un ojo, se ve que para hacerse amigo, y el tipo dijo: sin código postal no sale.
—Usted sabe que la dirección de Papá Noel no tiene código postal –dijo papá.
—Sin código postal no sale –dijo el tipo, y llamó al siguiente.
Y entonces papá trepó el mostrador, agarró al tipo del cuello de la camisa, y la carta salió.
Por eso yo estaba preocupado ese día, porque no sabía si la carta le había llegado o no a Papá Noel, y del asunto del coche dependía que me aceptaran los chicos que jugaban en el patio del colegio.
Además no podíamos contar con mamá desde hacía casi dos meses, y eso también me preocupaba, porque la que siempre estaba en todo era mamá, y las cosas salían bien entonces. Pero un día dejó de preocuparse, así nomás, de un día para el otro. La vieron algunos médicos, papá siempre la acompañaba y yo me quedaba en la casa de Marcela, que es nuestra vecina. Pero mamá no mejoró. Dejó de haber leche y cereales a la mañana, ropa limpia para vestirse, papá llegaba tarde a los lugares a los que debía llevarme, y después llegaba otra vez tarde para pasarme a buscar. Cuando pedí explicaciones papá dijo que mamá no estaba enferma ni tenía cáncer ni se iba a morir. Que bien podría haber pasado algo así pero él no era un hombre de tanta suerte. Marcela me explicó que mamá simplemente había dejado de creer en las cosas, que eso era estar “deprimido”, y te quitaba las ganas de todo, y tardaba en irse. Mamá no iba más a trabajar ni se juntaba con amigas ni hablaba por teléfono con la abuela. Se sentaba con su bata frente al televisor, y hacía zapping toda la mañana, toda la tarde y toda la noche. Yo era el encargado de darle de comer. Marcela dejaba comida hecha en el freezer con las porciones marcadas. Había que combinarlas, no podía por ejemplo darle todo el pastel de papas y después toda la tarta de verduras, había que combinar las porciones para que la alimentación fuera sana. La descongelaba en el microondas y se la alcanzaba en una bandeja, con el vaso de agua y los cubiertos. Mamá decía:
—Gracias mi amor, no tomes frío –lo decía sin mirarme, sin perder de vista lo que sucedía en el televisor.
A la salida del colegio me agarraba de la mano de la mamá de Augusto, que era hermosa. Eso funcionaba cuando venía a buscarme papá, pero después, cuando empezó a venir Marcela, a ninguna de las dos parecía gustarle eso, así que esperaba solo debajo del árbol de la esquina. Viniera quien viniera a buscarme, siempre llegaban tarde.
Marcela y papá se hicieron muy amigos, y algunas noches papá se quedaba con ella en la casa de al lado, jugando al póquer, y a mamá y a mí nos costaba dormirnos sin él en la casa, nos cruzábamos en el baño y entonces mamá decía:
—Cuidado mi amor, no tomes frío –y volvía frente al televisor.
Muchas tardes Marcela estaba en casa, eran las tardes en que cocinaba para nosotros y ordenaba un poco. No sé por qué lo hacía. Supongo que papá le pediría ayuda y como ella era su amiga se sentía en la obligación, porque la verdad es que no se la veía muy contenta. Un par de veces le apagó el televisor a mamá, se sentó frente a ella y le dijo:
—Julia, tenemos que hablar, esto no puede seguir así...
Le decía que tenía que cambiar de actitud, que así no llegaría a ningún lado, que ella ya no podía seguir ocupándose de todo, que tenía que reaccionar y tomar una decisión o terminaría por arruinarnos la vida. Pero mamá nunca contestaba. Y al final Marcela terminaba yéndose con un portazo, y esa noche papá pedía pizza porque no había nada para cenar, y a mí la pizza me encanta.
Yo le había dicho a Augusto que mamá había dejado de “creer en las cosas”, y que entonces estaba “deprimida”, y él quiso venir a ver cómo era. Hicimos algo muy feo que a veces me avergüenza: saltamos frente a ella un rato, mamá apenas nos esquivaba con la cabeza; después le hicimos un sombrero con papel de diario, se lo probamos de distintas maneras y se lo dejamos puesto toda la tarde, pero ella ni se movió. Le quité el sombrero antes de que llegue papá.
Estaba seguro que mamá no iba a decirle nada, pero me sentía mal de todos modos. Después llegó Navidad. Marcela hizo su pollo al horno con verduras horribles pero como era una noche especial me preparó además papas fritas. Papá le pidió a mamá que dejara el sillón y cenara con nosotros. La movió cuidadosamente hasta la mesa –Marcela la había preparado con un mantel rojo, velas verdes y los platos que usamos para las visitas–, la sentó en una de las cabeceras y se alejó unos pasos hacia atrás, sin dejar de mirarla, supongo que pensó que podía funcionar, pero en cuanto él estuvo lo suficientemente lejos ella se levantó y volvió a su sillón. Así que mudamos las cosas a la mesa ratona del living y comimos ahí con ella. La tele estaba prendida, por supuesto, y el noticiero mostraba una nota sobre un sitio de gente pobre que había recibido un montón de regalos y comida de gente de más plata, y entonces ahora estaban muy contentos. Yo estaba nervioso y miraba todo el tiempo el árbol de Navidad porque ya iban a ser las doce y quería mi auto. Entonces mamá señaló el televisor. Fue como ver moverse un mueble. Papá y Marcela se miraron. En la tele Papá Noel estaba sentado en el living de una casa, con una mano abrazaba a un chico sentado sobre sus piernas, y con la otra a una mujer parecida a la mamá de Augusto, y entonces la mujer se inclinaba y besaba a Papá Noel y Papá Noel te miraba y decía:
—…y cuando vuelvo del trabajo sólo quiero estar con mi familia –y un logo de café aparecía en la pantalla.
Mamá se puso a llorar. Marcela me tomó de la mano y me dijo que subiera al cuarto, pero yo me negué. Volvió a decírmelo, esta vez con el tono impaciente con el que le habla a mamá, pero nada iba a alejarme esa noche del árbol. Papá quiso apagar el televisor pero mamá empezó a luchar con él como una nena. Sonó el timbre y yo dije:
—Es Papá Noel –y Marcela me dio una cachetada y entonces papá empezó a pelear con Marcela y mamá encendió otra vez el televisor pero Papá Noel ya no estaba en ningún canal. El timbre volvió a sonar y papá dijo:
—¿Quién mierda es?
Pensé que ojalá que no fuese el del correo porque volverían a pelear porque papá ya estaba de mal humor.
El timbre sonó otra vez muchas veces seguidas, y entonces papá se cansó, fue hasta la puerta y cuando la abrió vio que era Papá Noel. No era tan gordo como en televisión y se lo veía cansado, no podía mantenerse de pie y se apoyaba un momento de un lado de la puerta, otro momento del otro.
—¿Qué quiere? –dijo papá.
—Soy Papá Noel –dijo Papá Noel.
—Y yo soy Blanca Nieves –dijo papá y le cerró la puerta.
Entonces mamá se levantó, corrió hasta la puerta, la abrió y Papá Noel todavía estaba ahí, tratando de sostenerse, y lo abrazó. A papá le agarró un ataque:
—¿Este es el tipo Julia? –le gritó a mamá, y empezó a decir malas palabras y a tratar de separarlos. Y mamá le dijo a Papá Noel:
—Bruno, no puedo vivir sin vos, me estoy muriendo.
Papá logró separarlos y le dio a Papá Noel una trompada y Papá Noel cayó para atrás y quedó seco sobre la entrada. Mamá empezó a gritar como loca. Yo estaba triste por lo que estaba pasando Papá Noel, y porque todo esto atrasaba lo del auto, aunque por otro lado me alegraba ver a mamá otra vez en movimiento.
Papá le dijo a mamá que iba a matarlos a los dos y mamá le dijo que si él era tan feliz con su amiga por qué ella no podía ser amiga de Papá Noel, cosa que a mí me pareció lógico. Marcela se acercó a ayudar a Papá Noel, que empezaba a moverse en el piso, y le dio una mano para levantarse. Y entonces papá otra vez empezó a decirle de todo y mamá a gritar. Marcela decía cálmense, entremos, por favor, pero nadie la escuchaba. Papá Noel se llevó la mano a la nuca y vio que le sangraba. Escupió a papá y papá le dijo:
—Maricón de mierda.
Y mamá le dijo a papá:
—Maricón serás vos hijo de puta, y también lo escupió. Le dio a Papá Noel la mano, lo hizo entrar a la casa, se lo llevó a su cuarto y se encerró.
Papá se quedó como congelado, y en cuanto reaccionó se dio cuenta que yo todavía seguía ahí y me mandó furioso a la cama. Sabía que no estaba en condiciones de discutir; me fui al cuarto sin Navidad y sin regalo. Esperé acostado a que todo quede en silencio, mirando nadar en las paredes el reflejo de los peces de plástico de mi velador. No tendría mi auto a control remoto, eso era clarísimo, pero Papá Noel dormía en casa esa noche y eso me aseguraba un año mejor.