jueves, 10 de enero de 2008

La liberación de dos políticas colombianas secuestradas hace seis años por las FARC

Consuelo González en el reencuentro

El presidente Chávez, al parecer, aprendió del fiasco inicial en la operación "mediática" (¿o habrá que decir "idiótica"?) para recuperar de la selva colombiana a Clara Rojas y Consuelo González, políticas secuestradas por la organización terrorista FARC.
Militar de origen -no muy bueno al parecer- don Hugo co-capitaneó una semana antes un "consejo de notables" convocado de apuro para un reality show, reflexionó -o alguien lo hizo por él- y optó por la profesionalidad de quienes son expertos en apropiarse de existencias y dignidades ajenas -terroristas y soldados- para liberar a dos mujeres políticas de su absurdo padecimiento de seis años. Se logró lo que propusimos ayer: un piadoso manto de silencio para la gestión de la "armata Brancaleone", el rejunte de políticos de segunda que no sabían dónde estaban, liderados por el ex-presidente argentino Kirchner.
Aquí abajo, dos ejemplos de lo dicho.
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Ponen fin a casi seis años de cautiverio

Clara Rojas y Consuelo González fueron recibidas por sus familiares y luego se reunieron con Chávez; están en buen estado de salud; las ex cautivas traen pruebas de vida de 16 secuestrados
LANACION.com Exterior Jueves 10 de enero de 2008



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Cristina Fernández felicitó a Chávez por la liberación y se defendió de las críticas por el operativo frustrado (Diario Perfil-CLICK)

miércoles, 9 de enero de 2008

En horas, Colombia y Venezuela liberarían a las dos secuestradas por las FARC

Los gobiernos colombiano y venezolano acaban de anunciar que acordaron el procedimiento de liberación de las dos dirigentes políticas colombianas que permanecen desde hace años secuestradas por las FARC . La entrega de ambas secuestradas a helicópteros venezolanos bajo bandera de la Cruz Roja Internacional se haría durante el día de mañana en algún lugar de la selva colombiana.
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La crisis por los rehenes


El mandatario venezolano enviará a través de su canciller una solicitud para que Colombia lo autorice a retomar la operación de liberación de los cautivos


LANACION.com Exterior Miércoles 9 de enero de 2008


martes, 8 de enero de 2008

La condesa de Chernobyl, otro relato del argentino Eduardo Belgrano Rawson

Como lo afirma el autor (ver entrada del 3 de enero en este mismo blog), hay bares y cafés de Buenos Aires que tienen sus personajes y sus bemoles.
Por estos días EBR publica en el suplemento Verano del matutino Clarín de Buenos Aires, una serie sus trabajos breves, inéditos o ya editados, que abren el suplemento de la temporada 2007/8.

La condesa de Chernobyl

Frecuento un bar peligroso, que cada tanto termina con un colectivo adentro. Una vez, comentan los mozos, un cajero despedido entró con un hacha de incendio y la sepultó en el cráneo de una señora que se disponía a sorber una lágrima. Pero el cajero estaba chiflado y eso pasó en otro tiempo.
Lo peor del bar es el baño. Se llega entre ruidos subterráneos, por un pasadizo que desemboca en ese antro atestado de clientes que miran en diagonal. Uno mea con urgencia. El día menos pensado, supone, caerá en una redada. Para los caballeros de caudal reducido, este baño debe ser un suplicio. En cuanto a los escritores muy jóvenes, yo les diría que nunca pisen el bar a menos que los acompañe la madre.
Cuando vuelvo del baño hay una flaca lánguida sentada en otra mesa, fumando un cigarrillo tras otro. Tiene delante suyo un atado de Gitanes. Me muero por decirle algo, pero ni siquiera lo intento. Quedo colgado de su mirada, hasta que paga y se va. Llevo media mañana sin completar una línea. Cada tanto, desde mi mesa, veo algún baqueano al acecho que se dispone a cruzar la avenida. Estos rastreadores urbanos tienen un instinto maravilloso. Distinguen a cuatro cuadras si aquello que viene a lo lejos es un 60 o un 38. Pueden tirarse del subte en marcha sin dejar de leer el diario. Trotan al Iado del colectivo con la Crónica bajo el brazo y montan en el momento preciso con la elegancia de un indio. Nunca se van al suelo. Conocen cada rincón de la selva mejor que su propia mano. Saben en qué momento pueden largarse a cruzar el corredor de la muerte sin quedar arrollados por la estampida.
Son los cheyennes de Buenos Aires. La ciudad está en bancarrota. Los viejos buscadores de oro son hoy juntadores de latas. Siempre he querido ocuparme de estas criaturas, pero a falta de la imaginación suficiente, me dedico a la ciencia ficción. Ahora estoy maquinando algo que sucede de aquí a veinte años. Buenos Aires está rodeada por una cerca electrificada como la frontera de México. En el horizonte arden los fuegos. Son las aldeas de los inmigrantes: Nueva Berlín, Nueva Washington, Nueva Londres. Todas las noches ellos procuran filtrarse y los paran a balazos. Es un relato de acción. Y lo mejor para escribir estas cosas son los boliches del centro.
Los bares de escritores no sirven. Uno tirita en invierno y se sofoca en verano. A partir del mediodía, el café llega quemado. Hay ciertas compensaciones: en el Tortoni uno puede pedir sidra suelta y leche merengada con canela y es uno de los pocos bares del mundo donde sirven mate cocido.
Mi bar está en Tribunales. Es un típico antro de la injusticia. El mozo llama doctor a sus clientes. Algunos van exclusivamente para que el mozo los doctoree. Es un refugio de abogados famélicos, al punto que hay una Remington debajo del mostrador. Cada tanto cae alguno a tipear un escrito desesperado. El cliente aguarda a unos pasos, con cara de prisión preventiva. Ahora la máquina duerme. En la mesa de la ventana, un abogado y su socio hablan de sus asuntos. "Pidió el expediente para mirarlo y en un descuido de las empleadas se tragó los pagarés", resume el más veterano. Ahí termina la historia. El otro revuelve su capuchino. Hay algo que lo consume. "Anoche volvió a llamarme Goyena", murmura al fin. "Tenía un patrullero en la puerta. Le estaban tocando el timbre. Quería saber qué hacía. ¿Te das cuenta? Eran las cuatro de la mañana, encima despertó a las mellizas ... mi mujer preguntaba quién era. Un momento que consulto el Código, le pedí. ¿Pero qué podía decirle? Raje por la pared del fondo."
La flaca de los Gitanes se llama Samantha. Pronto hacemos amistad. Trabaja de estatua viviente en Palermo Hollywood, pero vive por aquí cerca. Estuvo en Inglaterra y el oficio lo aprendió en Covent Garden Ahí la competencia es terrible. Mientras Samantha juntaba a lo sumo a dos ancianitas y un niño, el tragafuego de la pitón no bajaba de cuarenta espectadores. Asi que ella termino por volverse. Aqui no hay estatua que valga: de entrada la tiraron al suelo dos chicos en patineta. Luego empezó a venir un perro que le meaba la pierna cada tarde a la misma hora, un perro con señora y todo que no alzaba un dedo para impedirlo. Ahora tiene un novio ucraniano que toca el violín en el subte. Como todos los buscas rusos que pululan últimamente, este había sido primer violinista en la sinfónica de Leningrado. Mientras Samantha espera que llegue, charlamos de mesa a mesa.
Cuando hablo de bares quiero decir Buenos Aires. Los cafetines del interior son distintos. En Córdoba. por ejemplo, algunos años atras, si uno andaba de libreta y lápiz. solo podia ser quinielero. Pero había un sitio especial, mitad café, mitad pizzería. que compartiamos con el autor de la Gran Novela Cordobesa. Su escritura ya Ie llevaba diez años e iba a tenerlo todo, desde fundadores llegados de España hasta los contadores de cuentos que a pesar de la miseria reinante aun luchan por ser chistosos. Pero murió antes de terminarla.
De los bares conocidos, era el menos indicado para ponerse a contar historias. Tenía sus propios conflictos. A veces derrochaba dramatismo, cosa que no podía decirse de nuestros insulsos relatos. Una vez, ante los ojos de todos, vino a ocurrir lo siguiente:
Yo estaba junto a la barra, bregando con el capítulo cuatro. Al otro lado del bar, el autor de la GNC se rascaba la cabeza. Pegaditos a la puerta, dos amigos míos que vivían enfrente mataban el hambre con un café. En eso un recién llegado se acercó hasta el mostrador. Llevaba algo en la mano que Ie mostró al encargado. Era una bolsa del Rey del PolIo. "¿Me la podria guardar un rato?", le pregunto. Resulta que iba al cine y no queria andar con eso. El encargado aceptó la bolsa. Pongamos que se llamara Ismael. Enseguida la depositó en la heladera. Mientras el hombre se retiraba, percibí aquel resplandor en el rostro de mis amigos. Era visible que estaban pendientes. La fragancia a pollo asado los habia enardecido. Luego volví a lo mio. Cuando asomó a la superficie. mis amigos habian partido.
Al rato llegó otro sujeto, amigo de mis amigos, voluntario de las misiones suicidas. También era amigo mio. Pasó junto a mí como un rayo. Ni siquiera miró de reojo. Se plantó frente a Ismael y le dijo. "Vengo de parte del señor del pollo. Parece que tuvo un problema en la casa. Dice si puede entregármelo a mí". Ismael se agachó con abulia, metió el brazo en la heladera y sacó la bolsa del polIo.
Pero yo ya estaba lejos de ahí, arrastrado por la odisea de un hombre que llamaba desde alta mar a su casa. Ya saben lo que sucede cuando la historia funciona. El tiempo se descalabra. Uno relee la página y cuando vuelve a levantar la cabeza han transcurrido tres horas. Cuando quise darme cuenta, mis amigos estaban de vuelta, sentados en la mesa de siempre. Sólo les faltaba el palillo en la boca. Se habían cargado el polIo. No habían tenido más que agregarle tres porciones de papas fritas y una botella de vino. Se instalaron plácidamente a esperar la salida del cine.
Cuando volvió el tipo del polIo, Ismael se encontraba en su pose de costumbre, mirando su negro futuro. No dio ninguna señal de que alguien se hubiera interpuesto entre él y su pesadilla. Durante un par de minutos el forastero aguardó cortésmente, parado ante el mostrador. Ismael no se inmutó. El forastero apeló a la ultima sonrisa que Ie quedaba: "Soy el del polIo, ¿se acuerda?". Hay que hablar de la guerra sin mencionarla jamás, ¿no? Ademas, está todo ese asunto del iceberg. Lo no dicho es lo que importa. Y no se puede andar matando personajes al pedo. Mejor un muerto que diez. Y de matarlo, hay que hacerlo muy bien. Porque para colmo de males, uno siempre derrapa en las escenas de acción. Por todas esas razones, difíciles de explicar, no diré por el momento una sola palabra más.
Cuando salgo del bar donde paro no estoy triste ni vacío como Hemingway despues de hacer el amor. Más bien me siento dichoso y con ganas de seguir adelante. Sólo que entonces viene lo peor: volcar lo escrito en la compu.
Hay un degenerado que suele darme una mano cuando se empaca la máquina. Acaba de cumplir trece anos y ha leído todos los libros que existen y planea jubilarse como el escritor mas famoso del mundo. Segun lo ha demostrado, Ie bastan unos segundos para descubrir todas las veces que usaste la misma palabra en un libro. Eso no es nada: acaba de hacerlo con Borges. "Primero escaneas el texto", explica, mientras duplica El Aleph. "Después lo pegás aquí. Entonces te vas a Buscar . Y lo va haciendo, nomás, a medida que pone los dedos. Las repeticiones resaltan en la pantalla. "Qué hijo de puta...", masculla, en el colmo de la excitación.
A mí estos tipos me asustan. Por eso me la paso puliendo. Es que las primeras versiones son pavorosas. Será porque escribo en los bares y Buenos Aires nunca te da respiro.
Capaz que algún día dejo todo esto. Conozco un lugar en la sierra. Hay nogales de varios siglos y arroyos con cascaditas. Perdices por todas partes. Cada tanto pasa algún zorro con una pera en la boca.
Capaz que me instalo ahí a escribir algo, que no tendrá tifones ni nada y versará sobre las montañas azules y los tractores sudando bajo el crepúsculo y los halcones de enero que anidan entre los bosques.
Pero termino volviendo a mi cueva de Tribunales. Samantha sigue en su mesa. Mientras llega el ucraniano. nos hacemos compañía. Pero el ucraniano no llega. Ya no hay más novio, declara. La dejó por un tragasables. Una lástima, parece. porque estaban teniendo mucho éxito en la línea del tren a Tigre.
Samantha hacía de ruina atómica. El ucraniano la llevaba en brazos por los vagones. la depositaba en el piso y explicaba su tragedia, para tocar a continuación un adagio de Katchaturian. A ella no se le movía un pelo. La gente no podía sacarle los ojos de encima. Después de todo, la chica tiene lo suyo. Así. tirada en el piso, de botas y gorro de piel, debe haber parecido la condesa de Siberia, cuadripléjica por las emanaciones atómicas. El único movimiento que se notaba en su cuerpo era una lágrima que le caía del ojo hacia el final del adagio. "Una lágrima sola" aclara Samantha, que controla hasta los fluídos del cuerpo.

Dicho lo cual paga su cortado y se va. Yo agarro el lápiz y anoto: La condesa de Chernobyl.

lunes, 7 de enero de 2008

Se acabaron los buenos oficios de la "armata Brancaleone" en la selva colombiana

Mucho ruido y pocas nueces.
Y lo que tenía que pasar, pasó. Colombia, en la voz de su canciller Fernando Araújo, acaba de asegurar que se terminaron en territorio de ese país las delegaciones humanitarias integradas "por personas que no conocen la situación colombiana ni a las FARC".
Para hacerla corta, el alto funcionario calificó esa sucesión de "dimes y diretes", "todos para acá, todos para allá" de improvisaciones de último momento que traen malos resultados.
Araújo declinó hacer nombres, pero dijo todo, menos bonito. Sin que le temblara la pera, dijo que, en ese contexto, esas comisiones sólo sirven para crearle un escenario favorable a las FARC en la comunidad internacional.
Como dicen los paisanos por acá, don Araújo nos las mandó a decir... vean, si no:
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Tensión por el conflicto de los rehenes


El canciller Araújo advirtió que no permitirán más delegaciones humanitarias "conformadas por personas que no conocen la situación ni a las FARC"; evitó opinar sobre el rol de Kirchner


LANACION.com Política Lunes 7 de enero de 2008


viernes, 4 de enero de 2008

Típico caso de manual: "Los que siempre llegan tarde donde nunca pasa nada"

¡Tá-té-tí..!
Todos, por este "coño Sur", quisiéramos sepultar en un manto de silencio la Aventura equinoccial de don Néstor de Kirchner en la selva colombiana (con pedido de excusas a don Ramón Sender) sobre este reciente paso de comedia que protagonizaron algunos dirigentes políticos de la región y hasta el nuevo jefe de Estado francés.
Nobleza obliga: debe consignarse que monsieur Sarkozy puso a buen recaudo su exposición pública, habló poco y ni mandó una foto suya autografiada a la selva colombiana. Es que monsieur le président tiene trajinadas algunas antesalas del Poder más que sus voluntariosos colegas sudamericanos.
Siempre en tren justiciero, hay que rescatar también a Marco Aurelio García, asesor y enviado personal de Lula da Silva. El hombre es una autoridad en geopolítica regional y les tiene "contadas las costillas" a los aprendices de hechicero que abundan en las cancillerías nuestro sufrido hemisferio. A la hora del hermetismo, para sacarle una palabra de más a seu doutor Marco Aurelio hay que operarlo con anestesia total. Eso sí: seu doutor no dejó de elogiar en los tres días de bochorno creciente a nuestro pingüino todo corazón, subrayando su rol de dedicado líder de los fallidos mediadores, su manejo de la situación fue el mejor dadas las circunstancias y el resultado que pudo haber sido peor... ¿Nâo é que é, rapaiz?
Estrenándose como primer caballero, el ex presidente argentino, en cambio, corrió presuroso detrás de la convocatoria de su amigo Hugo Chávez, a rescatar a tres renombrados secuestrados por la guerrilla marxista colombiana en un lugar desconocido, en un momento no determinado, siguiendo instrucciones de los secuestradores que nunca se conocieron, uno de cuyos casos ni siquiera fue una detención ilegal, si no producto uno de los delitos contra las personas más graves que contemplan las leyes de las naciones civilizadas. Los "mediadores" aceptaron documentación y declaraciones que calificaban a la acción de las FARC como "detenciones".
Si no fuera por las connotaciones dramáticas de todo un suceso que pareció planificado por un demente, si es que alguien lo planificó, podría dársele al conjunto el tratamiento de un film de Woody Allen.
Bien, sólo nos queda algún adagio de mi abuela, Filomena, la Sentenciosa:"El que nace para pito, difícil llegue a corneta".


Pero arriba ese ánimo.
Si nos queda sentido del humor, podemos solazarnos con la tesis de James Neilson, columnista de Noticias y Perfil, semanarios independientes de Buenos Aires.


Pingüino de la triste figura (click)
RAMBO. Kirchner se internó en la selva colombiana para borrar el Valijagate de la tapa de los diarios. Terminó en fracaso.

jueves, 3 de enero de 2008

¿Merecíamos un resuello? La respuesta fue un relato de Eduardo Belgrano Rawson

Si bien nació en San Luis, Eduardo Belgrano Rawson reparte su vida entre los valles puntanos y el centro de la ciudad de Buenos Aires. Además de narrador, fue guionista de historietas, estudiante de cine y aún ejerce el periodismo. Ha publicado, entre otras, las novelas" naúfrago de las estrellas", "Fuegia", "Noticias secretas de América" y "Rosa de Miami". En 2006 apareció su único libro de relatos, "El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos". En Febrero, al cumplirse el 25° aniversario de la guerra de las Malvinas, fue enviado especial de Clarín a las islas. Su trabajo quedó plasmado en tres relatos de no ficción publicados en un suplemento especial de este diario: "El misil", "La casa de John" y "Darwin". Durante los próximos meses, el Suplemento Verano de Clarín de Buenos Aires, Argentina, ofrecerá una selección de los relatos de Belgrano Rawson, tanto inéditos como ya publicados. A continuación, el sexto de esta serie.
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Vení llorado
Mi tía, que también tiene su historia, está cansada de poner la oreja para las tragedias ajenas, sobre todo a partir del Cacerolazo. cuando el país quedó culo arriba y la gente no hacía más que contar miserias. Todo el mundo se cree en derecho a atosigarla con su operación de la próstata o el último asalto que padeció. Total que la buena mujer, cuando te ofrece su casa, sólo pone una condición: que no la usen de paño de lágrimas. "Te espero a las ocho", dice. "pero vení llorado". No quiere que el llanto de los parientes le arruine sus empanadas. Pero es demasiado pedir. Hay mucho estrés en el aire. En menos que canta un gallo, su casa es un lloradero. Ahora el grifo lo abre Fernanda, que lleva su cruz de maestra en una escuela municipal. Confiesa que a la salida debe quitarle el cuaderno a los chicos porque en la villa los usan para hacer fuego. Eso es suficiente para que Mariela, que enseña lengua en Lugano, se zambulla en su propio drama. Ayer un encapuchado entró mientras daba clase y le tiró un baldazo de agua. Luego huyó a la carrera y todavía lo están buscando. Mariela, como tantas de sus colegas, está sorda y afónica y loca como una chicharra, así que sella su historia del encapuchado con un ataque de hipos. Para peor hoy es viernes el día más negro de la docencia. Revela que está en tratamiento psiquiátrico y entonces todos caemos en un frenesí de tragedias. El único que calla es mi tío, mientras rumia su empanada. No deja de ser irónico. pues ningún otro de la familia ha respirado tan cerca el soplo de la desgracia. El año pasado, después de pensado mucho, se decidió operar del juanete. No alcanzó a llegar al quirófano, pues a los camilleros se les cayó por el hueco de la escalera. Entonces debieron operarlo de urgencia, pues se había partido el brazo y ya le asomaba el hueso. En mitad de la cirugía tuvo un paro cardíaco y hubo que abrirle el pecho. Luego estuvo seis meses en terapia psicológica. Al juanete nunca se lo tocaron. Cuando se agota la hora del sufrimiento, la reunión cambia de rumbo. Ahora es el turno de las leyendas urbanas, esas cosas descojonantes que le ocurren a gente ignota, amigos de alguien o algo así, que luego todos repiten como si fuera la verdad revelada. Son la pasión de Fernanda, que espera agazapada. Si mi tío la emprende con su juanete, ella dirá que no es nada comparado con lo de Martha, una dentista tetona que vive por Caballito. Parece que una mañana. Martha llegó a su casa con las hormonas en alza, hirviendo en ganas de revolcarse con el amor de su vida. Ni bien tocó el picaporte, ya estaba llamando al Negro. Se lo encontró en la cocina. debajo de la pileta, arreglando una gotera histórica. La imagen de su marido arrodillado en el piso, luchando con una llave francesa, la derritió de lujuria. El Negro es un animal de gimnasio, que de short y camiseta está para chuparse los dedos. De modo que Martha. sin contenerse, hundió sus dedos habilidosos entre los muslos traspirados del Negro, al tiempo que resollaba: "¿De quién son estos huevitos?" Entonces el desgraciado pegó tal cabezazo que se desnucó contra la mesada. Para qué contar el resto, si el episodio figura en ochenta sitios de Internet, junto con la historia del lazarillo asesino, un perro que eliminaba a sus dueños haciéndolos cruzar la autopista cuando venía el Expreso Cañuelas. Le hacemos notar a Fernanda que es una historia gastada pero ella resiste a pie firme. Ustedes podrán decir lo que quieran, dice Fernanda, pero Martha fue la primera; en todo caso, la leyenda empezó con ella. Pero bueno, el desnucado no fue su marido sino el plomero, que murió descerebrado en aquella cocina siniestra. Lo lindo de estas historias es que. comparadas con ellas. no hay sufrimiento que alcance. Mi tia, de cualquier modo, siempre nos pide lo mismo: que ya lleguemos llorados a comer sus empanadas.
*** Los personajes de este relato pertenecen a la ficción.
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